Lo primero es explicar qué es la melatonina y porqué es nuestra aliada para conciliar el sueño. La melatonina es una hormona que se produce en la glándula pineal, que la encontramos en la base del cerebro. La melatonina se sintetiza a partir de la serotonina cuando nuestro organismo detecta la fase de oscuridad y no cuando hay luz diurna.
Depende del hipotálamo, (el hipotálamo es la estructura cerebral que regula el estado de ánimo, la temperatura corporal, el sueño, los impulsos sexuales, el hambre y la sed) que recibe la información de la retina. Así pues, la melatonina actúa cuando los ojos detectan oscuridad, por lo que su función principal se desarrolla cuando estamos durmiendo. De este modo sabemos que el cuerpo utiliza la melatonina para regular el ciclo del sueño y que la cantidad de melatonina que producimos desciende de forma brusca a partir de los 30-35 años.
Esta explicación nos serviría para entender porque los más jóvenes se duermen más fácilmente, mientras que a medida que nos hacemos mayores, nos cuesta más conciliar el sueño. Entre los trastornos del sueño que pueden ser producidos por la poca generación de melatonina, los más habituales son la dificultad para conciliar el sueño, letargo, poca actividad diurna, problemas de concentración, pérdidas de memoria, irritabilidad, depresión o trastornos de humor. Puede ser consecuencia de luz intensa por la noche, turnos laborales nocturnos, viajes largos con síntomas de jet-lag o problemas de edad, en la que se pierde la capacidad de segregar la melatonina. Además, últimamente se está comprobando que la luz que emiten las pantallas (especialmente la luz azul) cuando se utilizan por la noche, alteran la segregación de melatonina.
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